viernes, 16 de octubre de 2015

EMA WOLF: TEXTOS PARA TODOS (27° Congreso Mundial de IBBY)


Dice Ema Wolf:
"Durante un viaje en auto el escritor Tobias Wolff decidió hacer escuchar a sus hijos la Novena Sinfonía de Beethoven, seguro de que no tardarían en pedirle que sacara "eso" del pasadiscos. Pero era su aporte a la educación estética de los niños y estaba dispuesto a defenderlo. Contra sus previsiones, la escucharon en silencio y al cabo de un rato dijeron cosas como: "¿Qué es esto? Está bueno. Sí, de verdad está muy bueno". T.W. recordó que veinte años atrás escuchar al ampuloso Beethoven era, entre los intelectuales a la moda, casi descalificante. Él siguió escuchándolo, sin embargo, aunque sin poder evitar las dudas: ¿por qué le gustaba?, ¿porque Beethoven era "el Más" o porque era fácil?, ¿qué hacía él enrolado en la estética romántica, siempre sospechada de sentimental?, ¿no tendría él acaso gustos demasiado elementales ya que cualquiera podía disfrutar de esas sinfonías?
Pero ahora que sus hijos reparaban en esa pieza con un placer sincero y sin complicaciones, despojados de prejuicios y reverencia, sintió que la pureza del placer que ellos sentían reforzaba el suyo, volvía a legitimarlo y lo instaba a abandonar toda justificación, a escuchar otra vez sin interferencias culposas.
Leí la anécdota de T.W. mientras estaba atrapada en otra lectura: un libro sobre duendes y elfos, que no me obligó a remitirme a mi infancia, y que tampoco siento la obligación de compartir con los niños. Vinculé las dos cosas.
Tenemos textos para grandes que nadie acercaría a un niño; textos para niños que un grande no se atrevería a disfrutar; textos que, oh sorpresa, son para todos; textos que, oh desconcierto, no se sabe para quiénes son. Somos receptores prediagramados, puestos en cajas, por lo tanto con una visión de mezquino alcance, con trabas para acceder y complicaciones para compartir, condicionados por un terrible malentendido acerca de la madurez; tan arrogantes, tan poco dispuestos a entender que un niño puede disfrutar de las cosas que nos gustan y nosotros de las que le gustan a él, tan incapaces de sospechar que el libro que le estamos acercando quizás no esté a la altura de su inteligencia sino apenas de la nuestra, tan miopes como para no reparar en que las cosas sublimes y las deplorables lo son por igual para las personas que nacieron hace mucho o poco.
Me pregunto cómo sería limpiar el terreno de hojarasca, suprimir las marcas que dividen lo grande y lo pequeño, leer y escuchar sin ninguna prevención, por afuera de cualquier caja, permitir que el interés circule libremente, sin reverencia y sin prejuicios, considerar territorio común a todos los textos y las piezas musicales, recuperar la mirada del que acaba de desembarcar en una isla desconocida, estar abierto a lo indescriptible, explorar, mostrar, dejar que nos muestren, mirar al rey y descubrirlo desnudo".

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